
Veintisiete metros de altura tiene la pirámide que volvió a ver la luz después de 20 siglos. Las ruinas de la ciudad maya están ubicadas en el Estado de Tabasco, en el sur de México, una zona que alberga más de 1.000 yacimientos arqueológicos.
La amenaza humana
Sin embargo, los arqueólogos se enfrentan a un problema más duro que el deterioro por el paso del tiempo o la falta de presupuesto: el saqueo de la zona por parte de particulares. Un fenómeno muy frecuente en las comunidades rurales como El Arenal, Santa Elena, Tierra Blanca, Tiradero y Pomona, donde se encuentra la ciudad. “Hay que cuidar porque hay gente que sólo quiere llevarse lo que encuentra caminando por los montículos”, señaló Diego Hernández, un campesino del lugar. En un recorrido guiado por los lugareños, EFE constató la existencia de excavaciones ilegales en áreas que no son vigiladas por las autoridades. Algo relativamente normal por lo remoto de un territorio situado a unos 260 kilómetros de Villahermosa, capital del Estado de Tabasco, y donde viven monos saraguatos y venados en estado natural. En Balancán y Tenosique, donde el Inah ha descubierto otras zonas arqueológicas como San Claudio y Pomoná, viven 109.000 personas, dedicadas a la agricultura y la ganadería. Tabasco, como todo el sudeste mexicano, es una de las zonas con mayor potencial arqueológico del país, pues cuenta con 1.714 sitios pendientes de excavar.
En Moral-Reforma se han encontrado hasta ahora cuatro altares, seis estelas y más de 50 piezas arqueológicas que se exponen en museos de la zona y de Villahermosa. Sin embargo, los habitantes de la zona reclaman más atención de las autoridades para atraer turistas. “El gobierno no ve el turismo, se pone a ver otras cosas. A mí me da gusto saber que vivo en un lugar con mucha historia, la de nuestros antepasados”, dijo a EFE Raúl Rodríguez, un lugareño que trabajó en la excavación de la última pirámide.
Una civilización avanzada
La civilización maya habitó una vasta región ubicada geográficamente en el territorio del sur-sureste de México, específicamente en los cinco Estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán; y en los territorios de América Central de los actuales Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador, con una historia de aproximadamente 3.000 años. Durante ese largo tiempo, en ese territorio se hablaron cientos de dialectos que generan hoy cerca de 44 lenguas mayas diferentes. Hablar de los antiguos mayas es referirse a la historia de una de las culturas mesoamericanas precolombinas más importantes, pues su legado científico y astronómico es mundial. Contrariamente a una creencia muy generalizada, la civilización maya nunca “desapareció”. Por lo menos, no por completo, pues sus descendientes aún viven en la región y muchos de ellos hablan alguno de los idiomas de la familia maya. La riquísima literatura maya ilustra la vida de esta cultura. Obras como el Rabinal Achí, el Popol Vuh, El Chilam Balam son muestra de ello. Lo que sí fue destruido con la conquista es el modelo de civilización que hasta la llegada de los primeros españoles había generado milenios de historia. La conquista española de los pueblos mayas se consumó en 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas Itzá y Zacpetén, capital de los mayas Ko’woj en el Petén (actual Guatemala). El último Estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, dando así fin a la Guerra de Castas. Los mayas hicieron grandes e impresionantes construcciones desde el Preclásico medio y grandes ciudades como Nakbé, El Mirador, San Bartolo, Cival, localizadas en la Cuenca del Mirador, en el norte del Petén, y durante el Clásico, las conocidas ciudades de Tikal, Quiriguá (ambas las primeras en ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1979 y 1981, respectivamente), Palenque, Copán, Río Azul, Calakmul, Comalcalco (construida de ladrillo cocido), así como Ceibal, Cancuén, Machaquilá, Dos Pilas, Uaxactún, Altún Ha, Piedras Negras y muchos otros sitios en el área. Se puede clasificar como un imperio, pero no se sabe si al momento de colonizar impusieron su cultura o si fue un fruto de su organización en ciudades-Estado independientes, cuya base eran la agricultura y el comercio. Los monumentos más notables son las pirámides que construyeron en sus centros religiosos, junto a los palacios de sus gobernantes y residencia de los nobles, siendo el mayor encontrado hasta ahora el de Cancuén, en el sur del Petén, muchas de cuyas estructuras estaban decoradas con pinturas murales y adornos de estuco. Otros restos arqueológicos importantes incluyen las losas de piedra tallada usualmente llamadas estelas (los mayas las llamaban Tetún, o “tres piedras&rdquo
, que describen a los gobernantes junto a textos logográficos que describen sus genealogías, victorias militares, y otros logros. La cerámica maya está catalogada como de las más variadas, finas y elaboradas del mundo antiguo. Los mayas participaban en el comercio a larga distancia en Mesoamérica, y posiblemente más allá. Entre los bienes de comercio estaban el jade, el cacao, el maíz, la sal y la obsidiana.
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